Por Jorge A. Avila. La temporada invernal que comienza, trae a las pantallas nacionales los principales «tanques» de Hollywood (las producciones más costosas y que buscan ser éxito de taquilla)- En tal sentido, con solo recorrer la cartelera porteña se advierte el predominio de los títulos que mayor expectativa despierta en los principales estudios. «Top Gun -Maverick», «Lightyear», «Jurassicc World -Domination» y filmes similares copan las salas, dejando poco espacio para películas de autores y contenidos quizá más atractivos, como la tan recomendada por Ciudad Imaginaria, «Todo en todas partes al mismo tiempo» de los innovadores Daniels, y propuestas similares. Cine espectáculo y cine arte podrían convivir con mayor equilibrio, pero son las reglas que impone un mercado que reverdece en espectadores y nuevos ámbitos. En el espectro local, mientras se advierte una creciente preeminencia a las coproducciones con plataformas de streaming, se espera la presentación de » Argentina 1985″, de Santiago Mitre, ya en proceso de posproducción y que podría llegar en la primavera. El filme protagonizado por Ricardo Darin y Peter Lanzani relata el juicio a las juntas militares que asolaron el país desde el 76 al 83, y se aguarda con el mayor interés. Pero, mientras tanto, el mismo Mitre trae una propuesta renovadora con una película filmada antes de la pandemia, que debió aguardar tres años de montaje y producción en estudios franceses. Se trata de «Pequeña Flor», un excelente relato que abreva del «grand guignol» y fue injustamente ignorado por los programadores del alicaído Festival de Cannes de este año. Aunque Mitre agrega otras fuentes de inspiración para su obra «El guion de Pequeña Flor» -explica el director – es una adaptación de la novela de Losi Havilio que me atravesó desde la primera vez que la leí. Tiene velocidad, mucho humor, y una originalidad a prueba de todo. Es una novela narrada en un único párrafo – como un gran monólogo interior de su protagonista, José, que bebe del género fantástico, es conmovedora en el modo en que narra la crisis de una pareja, y el vínculo de esos padres con su hija recién nacida. Es libre, potente, divertida, y se anima a jugar con la narración, poniéndose siempre en lugar del lector. Para adaptar la novela al cine hay tres elementos que resultaron fundamentales: el primero es el género fantástico. Más precisamente el fantástico argentino. Hay grandes escritores argentinos que han trabajado una variante del fantástico que es casi una marca de la literatura del continente. Borges, Cortázar, Lugones, Bioy Casares, Quiroga. Esa forma del fantástico argentino nunca es alegórica, ni metafórica, sino realista, precisa, y esencial al relato y sus personajes. Es la forma que permite adentrarse en el extrañamiento de la vida diaria, en la subjetividad, pero de un modo concreto. El segundo elemento es Francia. Hay un vínculo cultural y artístico entre Francia y Buenos Aires que para los argentinos es evidente y fundamental. El tercero, y probablemente el más íntimo, tiene que ver con mi trabajo. Hice tres películas (El estudiante, La patota y La Cordillera) que trabajan fuertemente sobre espacios políticos, basados en las percepciones de personajes protagónicos fuertes, con connotaciones morales importantes. Este film sería la primera vez en que la política no está de manera explícita en el argumento. Pero el trabajo sobre la subjetividad de un personaje, y el extrañamiento de su mirada, sigue siendo tan importante como en mis películas anteriores. Aunque en este caso el tono sea muy distinto. Así que entregarme a esta película fue una forma de adentrarme en el género fantástico en su variante argentina, de desarrollar una comedia extraña, en un país con el que me siento cercano – y que representa el cine que más me interesó siempre, y trabajar sobre una película de un modo libre y lúdico me permitió explorar cuestiones (no menos políticas) de una manera en que nunca lo hice». Cabe acotar que, además y como aclara el protagonista al comienzo del filme, la trama transcurre en Clermont Ferrand, una de las tantas ciudades del Macizo Central francés, y no en las habituales locaciones turísticas que ese país se ocupa de promocionar. Reflejo de la Francia profunda, acierta también en manías, pesadillas y personajes, que lucen a la perfección en un elenco impecable, encabezado por Daniel Hendler y Vimala Pons, con las inmensas presencias de Melvil Popaud y Sergi López.  Ya estrenada en Francia con singular éxito, llega a nuestro país a fin de mes con el aroma de una «pequeña flor» para esparcir sobre tanto hedor lúgubre de una sociedad encerrada en sus propias miserias.

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