Por Raúl Sánchez.

Discutir el presente y futuro de la Ciudad de Buenos Aires implica poner blanco sobre negro la realidad de esta en el marco de iniciativas, políticas públicas, ideas, necesidades y reclamos sociales.

En la medida que se avanza con el exitoso plan de vacunación implementado por el Gobierno Nacional, el retorno a la vida prepandemia se va dando con más vigor; pero la pandemia nos ha dejado enseñanzas sobre políticas de salud pública, espacio público, espacios verdes, hábitat, transporte público y educación pública, entre otras. No es sólo poner o sacar la palabra “protocolos”, como casi un verbo más, sino que se trata de debatir cómo construir una Ciudad donde se pueda vivir dignamente, cualquier habitante de CABA o persona que la visite puede ver la penosa y decadente situación edilicia, habitacional, por mencionar solo dos puntos, que sufrió en pandemia nuestra Ciudad, y ante la cual nunca el Gobierno de la Ciudad ha implementado un plan.

Por otra parte en materia educativa, la ministra Soledad Acuña se empeña en sacar los debates de contexto y de tapar dificultades: no habla de la falta de vacantes, ni de los problemas edilicios en escuelas públicas (esta semana salió a la luz una escuela de Boedo con fallas de estructura), ni de la falta de material didáctico para el cuidado y la enseñanza. Con una participación presupuestaria que disminuye año tras año, la educación en la ciudad como tantas otras cuestiones, pasan a depender más del mercado que del Estado. Hasta que también el mismo mercado se encarga de ajustar en el sector privado, entonces una escuela privada de Almagro cierra, pero antes cobró la matrícula y las familias quedan sin saber que hacer. ¿El Estado de la Ciudad?: AUSENTE.

En lo que respecta a la autonomía de la Ciudad donde hay una necesidad imperiosa de seguir consolidando ese camino, los debates surgen de manera insólita. En la discusión que se empezó a dar estos días sobre el traspaso de 32 líneas de colectivos que funcionan en la Ciudad y cuya ley que trata el tema fue aprobada en el 2012, la Ciudad patea el tema a la tribuna. Todo se transforma en una discusión dialéctica cuando en verdad es una discusión política. ¿Queremos ser Ciudad Autónoma? Eso implica asumir derechos y obligaciones, no solo derechos. Y si queremos el desarrollo de un país en todo su territorio, la Ciudad no puede comportarse como “nene malo” cuando el resto de las provincias le exigen menos privilegios e igualdad de condiciones ante ellas.

Y así con cada tema planteado al inicio: ¿queremos que las grandes transformaciones las hagan los privados, el Estado o ambos sectores? Lo que prima es lo último, acuerdo de privados y el Estado para desarrollos urbanísticos, económico y social. Pero con presencia del Estado, y no como un garante exclusivo del negocio privado. El interés público por encima de todo interés privado debe ser el norte.

También requiere una oposición madura, responsable, activa, presente en los debates. Por ejemplo, poco se dijo del auxilio económico y crediticio del Gobierno Nacional al entramado productivo y comercial de la Ciudad durante el 2020 y 2021 mientras Horacio Larreta, Santilli y Vidal se paseaban en campaña sin preocuparse por el mantenimiento de las fuentes de trabajo de la población porteña. Tal vez sea hora de repensar el modelo de Ciudad a partir de un nuevo modelo de desarrollo económico y productivo y no pensando exclusivamente en el color de las baldosas como sucede actualmente.

2022 será un año previo a las grandes definiciones del año electoral siguiente. Es el tiempo de racionalizar y razonar los debates para construir una Ciudad inclusiva, integradora y digna de ser vivida.

Por Raúl Sánchez, director de BICE Fideicomisos, docente de la U.B.A. y U.N. La M.

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