Denominada la prisión de los famosos, Rikers Island ha tenido como inquilinos al rapero Tupac ShakurMark David Chapman (asesino de John Lennon) o Strauss-Khan, presidente del Fondo Monetario Internacional (FMI). Pero hay una mujer que ya está siendo noticia porque Netflix ha adaptado parte de su vida en Inventing Anna, de la influyente productora Shonda Rhimes. Se trata de Anna Sorokin, más conocida como Anna Delvey entre la elite neoyorquina porque se hizo pasar por una falsa heredera europea.

Nacida en Demodedovo, localidad cercana a Moscú en 1991, se mudó a Alemania siendo adolescente junto a su familia. Posteriormente intentó buscarse la vida en Londres y París, donde trabajó como becaria para la revista Purplecon el apellido Delvey. Tras elaborar un plan maquiavélico, Anna convenció a sus jefes no solo de cubrir la Semana de la Moda en Nueva York donde saboreó el lujo y el glamur sino ejercer como corresponsal desde la ciudad que nunca duerme.

A partir de 2013 fue conociendo a gente influyente. Se presentaba como una rica heredera alemana con un fondo fiduciario de 67 millones de dólares con cuentas en Suiza. Su modus operandi era tan simple como potenciar una imagen prefabricada al alojarse en hoteles de cinco estrellas, comer en los restaurantes más exclusivos (Sadelle’s, Le Coucou) recorrer las calles en limusina, viajar en aviones privados, lucir costosos diseños (Balenciaga, Alaïa) y dejar propinas con billetes de 100 dólares. Con su dulce encanto y buenos modales convencía a algunos de sus amigos para que le prestaran dinero ya que no podía coger un céntimo de su fortuna debido a una serie de problemas burocráticos. De esta manera conseguía pagarse los caprichos adentrándose en una espiral que acabó por convertirse en una estafa en cadena.

En una de esas reuniones sociales hizo amistad con Gabriel Calatraba, hijo del reputado arquitecto Santiago Calatraba, que a través de su empresa le ayudó a tramitar el alquiler del histórico Church Missions House en el vecindario de Gramercy Park, al sur de Manhattan, donde crearía un club elitista especializado en arte contemporáneo llamado Fundación Anna Delvey. A la editora de fotografía de Vanity Fair, Rachel Williams, también la estafó 62.000 dólares durante una estancia en Marruecos y dejó cuentas impagadas en varios hoteles, entre ellos, 30.000 dólares al 11 Howard Hotel y 11.500 dólares del Beekman Hotel.

Sin ser consciente de lo que se avecinaba, Anna convenció a sus íntimos de que Jeff Koons y Damien Hirst exhibirían algunas de sus obras y que Christo envolvería con sus telas el edificio. Para que todo llegara a buen puerto incluso presentó documentos, cheques y extractos falsos de varias cuentas para que un banco americano le diera un préstamo de 22 millones de dólares. Con todo este tinglado, Anna logró estafar algo más de 300.000 dólares. Rachel Williams fue una de las primeras en sospechar y, poco después la periodista Jessica Pessler escribió el reportaje How Anna Delvey Tricked New York’s Party People en New York Magazine que desvelaba completamente las artimañas de la que es en realidad la hija de un matrimonio de clase humilde y que ha servido de base para la ficción de la plataforma de streaming, que se estrenó el pasado viernes 11 de febrero.

La detuvieron en octubre de 2017 y en marzo de 2019 fue declarada culpable y condenada a cuatro años de prisión, pero salió en febrero del año pasado y, encima, con un contrato de 320.000 dólares por ceder su historia a televisión. Desde entonces, una nueva ley en Nueva York impide que ciertos delincuentes (más bien conocidos) se lucren de sus actos.

FUENTE EL MUNDO

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