Por Raúl Sánchez. Sigue sorprendiendo el nivel de desprecio de funcionarios y funcionarias del Gobierno de La Ciudad hacia quienes por diversas razones no completan sus estudios. A la opinión de Soledad Acuña sobre las personas que abandonaron sus estudios por la pandemia “que por alguna villa están y no se pueden reinsertar” se suma que “consiguen trabajo en el Estado sin estudiar y es una mala señal”.

Claramente, y a esta altura, lo último que un ser humano quisiera es tenerla de ministra de Educación a Soledad Acuña, porque si de algo se trata la educación es precisamente lo contrario a lo que piensa la ministra. Sumamos a sus declaraciones las innumerables dificultades que están atravesando colegios secundarios que están sin docentes y no cumpliendo la totalidad de horas de clase.

Claramente el debate no pasa por “si uso o no uso barbijo”.

Pero como decimos siempre no es un hecho aislado, sino una concepción de un modelo de Ciudad; así como se escuchan estas cuestiones, la escuela Bartolomé Ayrolo del Palacio Ceci está siendo “acosada” en términos de infraestructura por el Distrito del Vino. Se pretende cambiar educación e inclusión por negocios.  

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