Por Raúl Sánchez, docente de Economía U.B.A. y U.N. La Matanza.

Desde hace más de 5 mil años se realizan las fiestas del carnaval; las fiestas paganas de romanos y griegos, en honor a Baco (Dios del vino) dicen algunos ó al toro Apis en Egipto.

Lo cierto es que el carnaval representa un espacio de resistencia de las clases populares frente a discursos de las élites y a las políticas culturales del orden que un Estado intenta imponer.

La careta, el disfraz, el color, el baile, la diversión, la alegría son los aspectos que resaltan y se distinguen en los festejos del carnaval que se realizan en ciudades de todo el país y el mundo.

Personajes como Ricardo López Murphy, que ostentó el récord de ser uno de los ministros de Economía que menos tiempo duró en el cargo después de bajar jubilaciones, pensiones y sueldos estatales, salieron a plantear en estos días que “los corsos son utilizados para bajar línea kirchnerista…..que hay que dejar de financiar los corsos” y el remate de su cuenta de twitter fue “no fueron 30.000” (La Nación DEL 21 de febrero).

Claramente este hombre no leyó en su vida que representa y significa el carnaval, y también es negacionista de la cultura popular, como lo es de la defensa de los derechos humanos y el reclamo de memoria, verdad y justicia cuando sigue negando la cifra de 30.000.

Y el reclamo se lo hizo a su socio de Juntos, hoy jefe de Gobierno, Horacio Larreta, que más conocedor de la temática y de la realidad porteña, se paseó por toda fiesta y carnaval del interior, pero no pisó ni uno de los 33 corsos que durante febrero se hicieron en el distrito donde la gobierna, la Ciudad de Buenos Aires. Si algo distingue a estos dirigentes son cierta cuota de cinismo, más una dosis de negacionismo, más un pleno de escapar de la realidad.

Pero si se trata de una foto de una comparsa entrerriana o correntina, o de ir a Jujuy y disfrazarse junto a Morales, ahí dicen presente.

La murga porteña tiene un estilo, puede gustar o no, tampoco la murga te obliga a que te guste su espectáculo o el corso; es una invitación, desde una expresión cultural popular, al pueblo. Son más de 100 agrupaciones murgueras, con más de 10.000 integrantes de familias, pibes, pibas, adultxs mayores, adolescentes, que generan un espacio de baile, canto, percusión, contención, amistad y alegría.

Tal es así que el pasado 21 de mayo volvieron a celebrar el carnaval sobre la avenida de mayo.

La “acusación” de la bajada de línea, es de un grado tal de berretismo que solo se puede decir que también pueden existir murgas de los grupos republicanos, el problema es que irían en contra de la esencia misma del carnaval; por eso, Horacio Larreta fue a hacer carnaval de “visitante”, a otra provincia, sin comparsas, murgas, centro murga, agrupación murguera. Porque no es su esencia, básicamente.

Lo mismo hizo Lacalle Pou en Uruguay, salió a discutir el carnaval, el tradicional carnaval uruguayo, y le terminaron torciendo el brazo.

Pero detrás de estas opiniones, peticiones y reclamos, se esconde una razón: la necesidad de estar siempre corriendo al socioenemigo por el lado que mejor paga para imponer una idea, creyendo que de esa manera se progresa, cuando termina siendo lo contrario: se retrocede.

No todo es disputa, la famosa grieta se salva con espacios de diálogo y acuerdos, y tal vez se deba entender eso; la alegría del carnaval es un espacio de encuentro, diversión y de unión del pueblo.

Por siempre, ¡ salú carnaval !

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