Por Jorge A. Avila. La soledad, el exilio la ingratitud y el desamor, no son experiencias desconocidas, para el dramaturgo, actor y director. Adolfo Arias. Luego de crear el grupo de teatro TSE en 1968, como parte de una renovación de la escena cultural en nuestro país, la dictadura de turno, en este caso Onganía, motivó que, junto a muchos otros nuevos creadores, decidiera buscar otros horizontes. Su destino final fue París, donde reside desde 1969, con una extensa y reconocida trayectoria, que lo llevaron a ser nombrado director de la comuna de Aubervillers desde 1985. Con esporádicos retornos al país, Arias se ha convertido en uno de los secretos mejor guardados de los escenarios locales e internacionales con obras de alto impacto. Por ello resulta de gran atractivo el documental realizado por Romina Richi, que nos acerca a su trascendencia como autor y director, y que se estrena el próximo jueves 14 en la sala Gaumont. Mas cerca de la irreverencia de Copi,  (Raúl Damonte Taborda, fallecido en 1987) con quien compartió el exilio parisino, que de las corrientes experimentales que atravesaron el fin de siglo francés en materia teatral, Arias se refleja en el documental de Richi a través de su protagonismo en la puesta en escena de El Tigre, una de sus obras consagradas, que se presentó con singular éxito el año pasado en el BAFICI.

En poco más de una hora Richi nos presenta el registro de la obra del prestigioso director argentino. Las reflexiones de unos de los artistas argentinos con mayor repercusión internacional, más los ensayos de la obra y la voz de sus protagonistas, le permiten al espectador sumergirse en el universo creativo de Arias. «La obra de Alfredo describe un maravilloso mundo mágico con una cuota de dramatismo y ese dramatismo es lo que más me apasiona, por eso intenté incluirlo en mi documental«, asegura la actriz y directora.

En París, desde el primer día de ensayos hasta la última función, el documental aborda lugares de búsqueda artística tanto del director como de los actores. Y en este punto vale el rescate de una de las mayores figuras del casi desaparecido «music hall» porteño, la gran Alejandra Radano, además del dúctil Carlos Casella y otros integrantes del elenco. Revisitar a Arias en este formato, es tomar conciencia de una obra casi extraviada en la memoria de la dramaturgia nacional, y que merece, finalmente ocupar un espectro de indudable importancia.

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