Por Jorge A. Ávila. La última década del siglo XX quedó para el imaginario colectivo argentino, demonizada como una etapa de sucesos disruptivos, que marcaron a las generaciones siguientes en el ámbito político, social y cultural. Ello se refleja en la nueva película de Juan Baldana, que se estrenó el jueves pasado, luego de su exitosa presentación en el Bafici, y en los festivales de Santiago de Chile y Trieste. El filme, titulado «Que todo se detenga», está inspirado en una novela de Gonzalo Unamuno, y refleja con notable claridad varios de los paradigmas existenciales de quienes nacieron o crecieron en aquel tiempo. Es decir, las generaciones que oscilan entre los 30 y los 40 años. La historia se centra en Germán Baraja, quien es escritor. Sobrevive a duras penas trabajando «free lance», escribiendo para una revista francesa y su único deseo es renunciar. La desilusión política y social, largas horas de encierro, abatimiento, el regreso a la droga, una supuesta paternidad de la que no se hace cargo, la violencia omnipresente en un hombre que a sus 40 años ya no cree en nada ni en nadie y arremete contra todos tanto como contra sí mismo, su no-relación con la madre y la inminente muerte de se progenitora que lo amenaza forman su cotidaneidad. La familia de la que reniega se está extinguiendo, quizá como un augurio.  Germán intenta darse una última oportunidad e intenta volver con Clara, su ex novia, pero la realidad impone que es imposible recomponer lo que ha sido una relación enfermiza.  El cinismo de Baraja, excelente interpretación del actor Gerardo Otero (quien decidió continuar su carrera en España como muchos otros artistas nacionales), su desarraigo, prepotencia y confusión están asentados en la base de un espectro que, sin dejar de dañar y dañarse, sigue emitiendo señales de auxilio raramente advertidas por los mayores, que hicieron de aquella década su salto ( ¿ o asalto?) al poder, la riqueza y la lujuria como formas que impregnan la conducta cotidiana. Y ahora son los críticos que, desde el pedestal de las instituciones y la comunidad, se niegan a asumir esa resaca noventista elaborada en beneficio propio. Al respecto, el director del filme, Juan Baldana, afirma: «Resultó ser un desafío enorme adaptar la original novela de Gonzalo Unamuno. Germán Baraja representa lo que el inconsciente muchas veces nos dicta, pero no nos animamos a traducirlo en acciones, ni en palabras siquiera. Al crear un personaje que cruza el otro lado de la línea, comienza a generarse polémica en cuanto a sus actos inmorales, pero justamente en ese aspecto es donde me interesa que los interrogantes se los lleve el espectador, para pensar, discutir o analizar, las incompatibilidades que le transmita el protagonista.  Baraja resulta ser un espejo que muestra verdades ocultas e inconscientes del pensamiento colectivo y puede hacernos reflexionar sobre lo mal que se vive en una sociedad moderna líquida que no puede detenerse, donde la velocidad y no la duración es lo que importa». Con un elenco de parejo y meritorio rendimiento, integrado por Claudio Tolcachir, Luis Ziembroski, . Natalia Dalena, Alan Sabbagh y María Canale entre otros, la película es digna de verse, como un grito desesperado en busca de luz, dentro de tanta oscuridad circundante. Cabe señalar que el autor Gonzalo Unamuno, cuyo texto da base al filme, es el hijo de Miguel Unamuno, histórico dirigente peronista y protagonista de aquel decenio en diversos cargos, y en varios relatos de su autoría pueden apreciarse vestigios de aquella distancia de amor/odio, que se trasluce en el sabor agridulce que deja en el público el extenso espectáculo del vale todo, y festejar con más pizza que champagne.

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Un comentario en «FUNCIÓN PRIVADA: LA RESACA DE LOS 90»

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