Por Jorge A.Avila

La esencia de lo fugaz no pretende dejar huellas, pero es inevitable su permanencia en los bordes del sentido cotidiano de cada vida. Una frase materna nos instala en la infancia perdida, una melodía recorre un rostro amado a la distancia. El sueño nos envuelve en aquellas experiencias que la voluntad reniega sin lograr ocultar. Le ocurre al protagonista de «Cenizas al mar», la más reciente película de Diego Musiak que se encuentra en cartel, y además puede verse en la plataforma de streaming de cine nacional Cine.ar. Iván regresa a la Argentina para entregar los restos de su padre al mar. Por primera vez en mucho tiempo, se enfrenta a él mismo y a su soledad.  Aunque es un empresario exitoso, ya no ambiciona nada; cumplió todos sus deseos en la vida. Pero la muerte de su padre lo desestabiliza y le plantea otra mirada sobre sí mismo.  Sofía es una mujer sensible que se oculta tras el trabajo. Intelectual y práctica, supo llevar su vida con extrema independencia. Ambos coincidieron en un pasado amoroso y ahora se reencuentran en el hotel que Cecilia, la novia de Iván, elige para hospedarse frente al mar donde arrojarán las cenizas.

 Una casual e inesperada aparición, altera el curso de la vida de todos en un abrir y cerrar de ojos del modo más tierno y apasionante. ¿El sueño es la vida o la vida es un sueño? Iván está confundido por lo que le moviliza Sofía en su corazón. De repente el pasado se hace presente y el presente es un trampolín a la valentía de vivir la vida apasionadamente, soltando los temores del futuro que aún no llegó. Musiak,  que se define como un eterno aprendiz y afirma que «vino a este mundo para hacer películas», se interna en este laberinto sentimental, en su reciente filme y afirma: «El cine es uno de mis maestros espirituales.  Hace más de treinta años cuento historias que despiertan diferentes viajes emocionales. Y en este transitar que es la vida, le pongo todo mi corazón. El devenir convierte a “Cenizas…” en una película muy personal. Originalmente la idea era rodar la película en Sudáfrica en medio de la sabana, con un valor de producción atípico en nuestra cinematografía. Devaluaciones, cambios de gobiernos y pandemia, sumado a la enfermedad de mi padre hicieron que relocalice la historia, primero pensando en la Patagonia, luego en las Cataratas, para finalmente centrarme en la verdadera historia que quería contar. El tiempo no vivido. El tomar conciencia que la vida va por otro lado, no por el que creemos; casi les diría que por el opuesto. Entonces, la pregunta sobre cómo puedo recuperar el tiempo perdido, se hace imposible de responder, ya que el que perdura es el tiempo y no nosotros. Ante tanto obstáculo y ver a mi padre en un proceso complicado de salud, (el sufre un ACV mientras estaba localizando en Iguazú) decidí suspender todo y dedicarme a tener un tiempo de calidad y acompañar a mi padre. Las visitas a los diferentes especialistas, sus tratamientos, que él eligiera el menú y tener todo el tiempo del mundo para preparárselo y disfrutar juntos; sumado a las charlas interminables abordando todo tipo de temáticas, me colmaban el alma y agradecía al universo poder vivir mi vida real, no la pensada. Esta nueva forma de ver la vida, de estar en tiempo presente, me llevó a resignificar la película. «Cenizas al mar» desembarca en el tiempo exacto de la existencia humana para mostrarnos con encanto, emotividad y recursos sorprendentes, que la finitud de la existencia, puede ser abrazada cuan musa inspiradora para una vida gozosa, con todo lo que tiene para darnos. Además, es una película que honra al padre, al sol, al mar, al amor universal, a las relaciones familiares, humanas y a la valentía de encontrar en cada dificultad, una oportunidad de cambio para ser nosotros mismos y gozar de la vida que construimos y tenemos predestinada. Un presente desdibujado ayuda a comprender en la frontera del amor y la muerte, el potencial que no nos animamos a liberar por miedo a ser completamente felices». Reflexión final y necesaria: naturalmente se producen distorsiones de la memoria en todo tipo de personas. Algunas personas son un poco más susceptibles que otras a que sus recuerdos sean manipulados. Pero también las personas con memoria superior son vulnerables a la contaminación y la sugestión. Esto es algo que forma parte de la manera en que funciona la memoria para prácticamente todos nosotros. Es allí cuando el valor cuenta para que la realidad estalle, despertando el sueño de nuestra apatía.

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