Por Manuel Osiris Villar.

En la mitología se ha hablado mucho de «Aquiles y Patoclo» ,pero hoy sólo hablaremos de «Damon y Fintias» ejemplo para la humanidad de una verdadera amistad.
En los tiempos del tirano Dionisio de Siracusa vivían dos jóvenes llamados «Damon» y «Fintias» ; Eran tan buenos amigos que era raro ver a uno sin el otro.
Por alguna circunstancia, el tirano condenó a muerte a «Fintias».
Al enterarse «Damon» por la situación que estaba pasando su amigo, trató en vano de que le perdonaran la vida y lo liberaran.
Porque la madre de «Fintias» era muy anciana, por lo que rogó sus motivos y dejarlo así despedirse de ella.
«Damon», queriendo cumplir ese último deseo de su amigo , fue ante el tirano Dionisio y le propuso quedarse de rehén, mientras «Fintias» cumplía con su amada madre. El tirano le permitió quedarse en lugar de su amigo con la advertencia de que si «Fintias» no regresaba sería ejecutado en su lugar.
«Fintias» fue apresurado con su familia y se despidió de su anciana madre. Y se dispuso a volver a Siracusa para cumplir con su condena. Pero en el trayecto cayó en manos de unos ladrones, que lo ataron a un árbol y sale tras horas de forcejeo pudiéndose liberar para continuar su regreso. Por el camino siguió encontrando más y más contratiempos que lo retrasaban sin querer.
Mientras tanto Dionisio se había estado burlando de «Damon», diciéndole a cada momento que había sido un necio al arriesgar su vida por un amigo y que seguro él no volvería.
Llegó la hora de la ejecución y «Fintias» no había regresado. Los guardias llevaron a «Damon» al lugar donde iba ser crucificado, y él aún aseguraba tener fe en su querido amigo. Justo cuando estaban a punto de ser clavado en la cruz,»Fintias» apareció corriendo y exhausto ,de tal manera a duras penas y pocas palabras explicó el motivo de su retraso, y desatándole las manos a su amigo , le pidió a los guardias que lo ataran a él en su lugar.
El tirano Dionisio, que había acudido a contemplar la ejecución, se conmovió tanto de aquel gesto de verdadera amistad, que por una vez fue clemente dejando a «Damon» y a «Fintias» libres ,dejándoles que se marcharan, diciendo que no había creído que tal devoción fuera posible si no hubiera visto aquello con sus propios ojos.

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