Por Raúl Sánchez, Docente de Economía U.B.A. y U.N. La Matanza.
En el 2023 se termina el mandato de Horacio Rodriguez Larreta como jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y es saludable empezar a hacer un balance de sus políticas públicas desde el 2016, recordando además que sucede a la gestión de Mauricio Macri desde el 2007 del mismo partido político.
En este sentido, un buen ejercicio es empezar a evaluar la política de transporte público, que tanta incidencia tiene en las finanzas y en el uso del tiempo en las porteñas y porteños.
Si empezamos por el Subte, mas allá de recordar la célebre frase de Macri en su campaña del 2007 de “vamos a construir 10 km de subte por año”, Horacio Larreta terminará sus dos mandatos sin licitar ninguna nueva obra de extensión de este. Definió que su política de tránsito pasa solo por el Metrobús, Ciclovías y bicisendas (sólo de uso exclusivo para ciclistas que no llegan al 5% de la población) y la extensión y cobro del estacionamiento medido para coches particulares en toda la Ciudad.
Lejos va quedando la ilusión de acercarnos a las redes de subte de ciudades no ya europeas, sino por ejemplo Santiago de Chile que ente 2014 y 2017 inauguró la línea 6 de subte con 15 km de extensión; o San Pablo que entre el 2011 y 2018 inauguró 27 nuevas estaciones de subte.
Horacio Larreta se transforma así en el primer jefe de gobierno (cargo que se creó a partir de la autonomía porteña en 1996) que no va a licitar nuevos kilómetros de subte. Esto no ocurrió ni siquiera en medio de la crisis económica argentina del 2001.
También debemos remarcar, que de los 5,1 km inaugurados por Larreta dese el 2016 a la fecha (que fueron licitados por gobiernos anteriores de la ciudad), los kilómetros de extensión de la línea E fueron ejecutados por el Gobierno Nacional.
Cabe recordar que, en el año 2001, la legislatura de la Ciudad de Buenos Aires aprobó con amplio consenso la ley 670 donde se establecieron las líneas F, G e I de subtes con sus respectivas trazas, y en el mes de abril de ese año comenzaron las obras de la línea H, la primera línea nueva en casi 60 años.
Cuando asume Mauricio Macri como jefe de Gobierno se debate la modificación a dicha ley, y mas allá que no prosperó, se votó la ley 2710 que mantuvo las líneas F, G e I de subtes sancionada en el 2001. Recién en el 2022 Horacio Larreta solicitó “iniciar los estudios de factibilidad para la construcción de la Línea F entre Constitución y Plaza Italia”.
Entre tanto, desde hace un año, el Gobierno Nacional en el marco de la ley 26.740 quiere traspasar a la CABA para ejercer la competencia y la fiscalización del servicio público de transporte de pasajeros a las 32 líneas de colectivos que inician y finalizan su trayecto en el territorio de la Ciudad.
Actualmente la Nación desembolsa cerca de $ 16.000 millones de pesos al año para subsidiar el costo del boleto de esas líneas, costo que debe asumir la Ciudad con su holgadísimo presupuesto y recibir recursos del Fondo Compensador del transporte como lo hace el resto de las provincias del país.
La Ciudad obviamente juega a las escondidas, porque en este tema no le conviene levantar la bandera de la autonomía porteña, aún cuando podría reasignar partidas presupuestarias (que no superan el 0,1% del total del presupuesto porteño para el 2023) para no aumentar de manera injusta el costo del boleto del colectivo.
En síntesis, en la urbe más poblada del país, donde circulan más de 12 millones de personas por día, en 15 años de gobierno PRO no se discutió, ni se puso arriba de la mesa ningún plan serio de transporte y tránsito de la Ciudad. Sin extender esta nota a la política de Metrobús (acertada en la mayoría de los casos, no en todos) ni de ciclovías y bicisendas (que es saludable construirlas y usarlas pero sólo apuntan a menos del 5% de la población) ni a la política de puentes y sapitos bajo vías ferroviarias (totalmente acertada) ni a la locura de querer cobrar estacionamiento en el 80% de las calles de la Ciudad, vemos que el medio de transporte más rápido, menos contaminante, más efectivo y usado en las grandes ciudades del mundo, como lo es el Subte, ha quedado en el olvido tanto por MACRI como por LARRETA.
Otra muestra más del subdesarrollo a donde nos quieren llevar.


