Medio siglo de Memoria, Verdad y Justicia: El 24 de marzo en la encrucijada del presente.
Se cumple medio siglo. Cincuenta años desde que aquel miércoles de 1976 el país se detuviera bajo el silencio de las botas. Hoy, el «dato mata relato» cobra una dimensión ética: 30.000 desaparecidos, una economía devastada por la deuda externa fundacional y un tejido social que aún intenta sanar sus heridas. Pero este aniversario no es solo un ejercicio de nostalgia; es una interpelación directa a los desafíos que enfrenta la Argentina contemporánea.
La conmemoración de estas cinco décadas encuentra al país en un debate profundo sobre el rol del Estado y la vigencia de los Derechos Humanos. En las aulas de la Universidad de Buenos Aires, y particularmente en la Facultad de Ciencias Económicas, la memoria se traduce en la defensa de lo público. No es una coincidencia que el desmantelamiento de las instituciones educativas sea, a menudo, el primer paso para el debilitamiento de la democracia.
Javier H. Peralta, Consejero Directivo por el Claustro de Graduados de la FCE-UBA, reflexionó sobre el significado de esta fecha para los profesionales formados en la educación pública: «A 50 años del golpe, recordar es un acto de gestión y de futuro. No podemos hablar de una economía sana o de un país con desarrollo si ignoramos las cicatrices de nuestro pasado. Defender hoy el presupuesto universitario y la excelencia académica es, en el fondo, la mejor manera de honrar a quienes dieron su vida por una Argentina justa, libre y soberana. La memoria no es una pieza de museo, es el motor de nuestra coherencia institucional».
La movilización de hoy a Plaza de Mayo promete ser histórica. Con las nuevas generaciones tomando la posta, el reclamo de «Nunca Más» se actualiza. Ya no se trata solo de repudiar el horror del pasado, sino de blindar el presente contra los discursos de odio y el desfinanciamiento de las herramientas de movilidad social ascendente.
A medio siglo de aquel quiebre institucional, la Argentina reafirma que su mayor capital no está en las planillas de deuda, sino en la capacidad de su pueblo para sostener la verdad frente al olvido. La Universidad, como faro de esa conciencia colectiva, seguirá siendo el lugar donde el relato del autoritarismo se estrelle contra el dato incontrastable de la libertad académica.

