Por Manuel Osiris Villar. Buenos Aires nostálgico, veredas de ensueño, a la luz de un farol, la melodía de un bandoneón hace eco en un rincón romántico del corazón del porteño, y así como quien no quiere la cosa, en un dos por cuatro llegamos sin querer hasta las puertas del histórico “BAR TORTONI”.

Allí donde entre sus luces misteriosas, sus fantasmas  bohemios fueron parte de un tiempo glorioso; en silencio, con espíritu sutíl de las veredas de la Avenida de Mayo, irrumpen las palabras, perdidas entre la brisa del día con aroma de café de aquellos poetas que dejaron su impronta en esta querida ciudad.

Baldomero Fernandez Moreno, con su poesía “Café Tortóni” dedicada a su padre que solía estar sentado en sus mesas tomando café; Jorge Luis Borges, Federico García Lorca, Julían Centella, Horacio Ferrer, Mosquera Montaña y otros tantos dibujantes de las letras que dejaron plasmado su cadencia sentimental.

Intelectuales, políticos, mandatarios, reyes y artistas que dejaron su presencia en los anales del renombrado y emblemático “Antiguo Bar Tortóni”.

En su maravilloso interior se hallan vistosas tulípas de distintos formatos y tamaños galardonando su marcado estilo francés. Sus paredes espejadas entre maderas talladas  por abesados ebanistas, dejando atrás una imagen maravillosa entre mesa de madera y mármol componiendo la imagen típica de un auténtico bar antiguo.

Entre amenas charlas de café o de chocolate con churros florecen risas y anécdotas que se van diluyendo, dando lugar a una despedida con sabor a más.

El “Bar Tortóni” fue el encargado de introducirnos sin querer  en la compleja atmósfera del microcentro porteño…

                                                           

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