Por Jorge A. Ávila. Existen varios abordajes, algunos de ellos fallidos, para «Axiomas», el primer largometraje de Marcela Luchetta que se estrema el próximo jueves 10 de marzo en salas del país. La historia de Isabela, la joven abogada ambientalista de la Ong que da nombre al filme, implica a todas luces un recorrido contradictorio. Con una correcta interpretación de Luz Cipriota, la protagonista debe volver a su lugar natal, luego de cumplir una misión en el Sahara africano.

Envuelta en los poderosos paisajes neuquinos de Caviahue y San Martín de los Andes. pronto descubrimos que es la hija del gobernador Ribero (el siempre eficiente Jorge Marrale), y la causa del viaje es aportar argumentos para erradicar una explotación minera contaminante en la zona. A partir del ríspido reencuentro con su progenitor, Isabela conoce a Eulogio, líder de la comunidad originaria de la región afectada por casos de diversas dolencias sanitarias. El gobernador apoya firmemente la continuidad de la explotación, y tras un cruce televisivo que se transforma en debate, Isabela resuelve cortar toda negociación, al tiempo que los dirigentes ambientalistas se muestran más propensos a continuar investigando, pero se encuentran ante las dificultades de entablar una relación de mutua confianza con los habitantes de la zona. Es Eulogio, quien finalmente lleva a Isabela a lograrlo, luego de la liberación de un cóndor rehabilitado en cautiverio, por un ambientalista local interpretado por el desaprovechado Esteban Meloni. El encuentro con el cóndor, y las nuevas relaciones que establece Isabela con la médica nacida en la comunidad, que luego de su carrera universitaria regresa a ayudar a los suyos, le permite ir abriendo nuevos caminos para establecer la verdad del costo humano que implican todos estos emprendimientos minerales, mientras las comunicaciones con su novio Alphonse, le hacen comenzar a dudar sobre las intenciones reales de «Axiomas», mientras las ibéricas directivas de la ONG encaminan el proceso judicial que permite el cierre de la mina, y el descubrimiento de un importante acuífero, que pasa a ser el objetivo central de la organización. Finalmente, Isabela encuentra respuestas a sus preguntas existenciales, en las relaciones con su padre-gobernador, los ambientalistas y quizá su pareja. Pero la película deja varios interrogantes abiertos. En principio, pretender unificar las conductas de todas las comunidades indígenas afectadas por la contaminación, parece algo utópico, considerando la extensión de nuestra cordillera desde la Puna en Jujuy a la Patagonia, donde crecen nuevas explotaciones que se suman a las ya conocidas. La corrupción es aludida, pero no se transforma en eje temático, como lo es para la mayoría de los habitantes afectados por la minería.

La historia, bien contada y entretenida, nos permite empero, un primer acercamiento a un problema creciente del país en el manejo de sus recursos naturales. La directora, en una charla posterior, admite que el guion original era mucho más duro, pero fue suavizado, quizá por influencia de sus auspiciantes de la poderosa Greenpeace y quizá por cierta tendencia en boga a admitir una explotación contaminante que deja pingues ganancias para diversos sectores económicos y gobiernos. En todo caso, la paradoja para compatibilizar los beneficios y perjuicios de la minería, y los acuíferos que cuenta nuestro territorio, no queda saldada.

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Un comentario en «Función privada: Claro como el agua.»

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