Por Manuel Osiris Villar. En 1927, un español aventurero y soñador Victoriano López Robredo, ya casado en la argentina, abrió un negocio de especias que lo llamó «La Martinica» , por esos tiempos de «Corrientes angosta», 1600, hoy avenida; Al año siguiente se trasladó entre las calles Montevideo y Rodríguez Peña , al 1669 de la Avenida Corrientes, al que llamó «El Gato Negro», que es donde se encuentra actualmente.

Victoriano había vivido en Ceylan, Singapur y las Filipinas, como empleado de una empresa británica, que viajaba por Malasia y Manchuria, realizando tal travesía de casi 11 días en el Transiveriano. En uno de esos viajes se le ocurrió utilizar un símbolo del gato sentado con su moño rojo que estaba impreso en el menú del coche comedor, según la leyenda «El Gato Negro» era un famoso café romántico de Madrid que quedaba en la calle Alcalá y era frecuentado por Jacinto Benavente; Durante muchos años era característico ver en la vitrina un tranquilo gato negro con un moño como el que se muestra en el logo. Su reputación y su clientela se han destacado como Carlos Saavedra Lamas, los hermanos Castillo, el Dr. Ramón José Cárcano, Alfredo Palacios, Paulina Singerman, Pedro Quartucci y otras personalidades de esos tiempos. En 1969,el hijo de Victoriano, Benigno Andrés López Robredo, abandonó su carrera de ingeniería industrial para dedicarse al estudio de las especias y al desarrollo de las diferentes combinaciones y mezclas, cuyas fórmulas, hoy mantiene la casa en secreto .

En la actualidad Jorge Crespo, dueño y nieto de su fundador López Robredo, quien en 1997 decidió poner mesas para que sus visitantes curiosos vean la molienda de su café; La Secretaría de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires lo declaró «Bar Notable» y «Patrimonio Histórico» por ser uno de los más representativos de esta Ciudad Porteña; Por sus especias, cafés y tés, manteniendo intacto el estilo de un almacén elegante, con mostradores y vistosas vitrinas de roble y fresno italiano, con una luminaria de arañas holandesas de bronce y sillas Thonet.

Con el cautivante aroma reinante en su interior vemos exhibidores de semillas y hierbas aromáticas, condimentos, sales dietéticas, especias en frascos y especieros de porcelana, una selección de chocolates, frutas glaciadas y pescados envasados; Como también tés y cafés exóticos que son tostados artesanalmente a al vista y con las mismas tostadoras de la época de origen del almacén , y pueden ser degustados en cualquiera de sus pequeñas y redondas mesas de madera, que acompañado de algo dulce tienen un nuevo y agradable sabor .

En su primer piso hay un salón donde se puede comer una variedad de platos de su autor, como «filete de abadejo» en «fondue de cebolla», «risotto al azafrán con camarones», pastas caseras o importadas de Italia, y por si esto fuera poco, suele ofrecerse en él espectáculos unipersonales o shows musicales intimistas de jazz o de tango. El Gato Negro «dispensario de especies, té y café» es un rinconcito exótico porteño que siempre huele bien…

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