Por Jorge A. Ávila. Dos fechas significativas se acercan para el espectro cinematográfico, nacional e internacional. El próximo jueves 24 de Marzo, Día de la Memoria, será también ocasión para el estreno de dos películas nacionales que tienen como referencia aquella fecha nefasta que marcó el inicio del «proceso», la dictadura militar más sangrienta de nuestra historia, hace 37 años. La ya comentada «Azor», despierta sólidas expectativas, por su temática innovadora, que le valió un exitoso recorrido por festivales e incluso un premio en el Berniale, el último festival de Berlín. Pero también llega «Adiós a la Memoria», documental de Nicolás Prividera que se podrá ver en la s salas Incaa Gaumont, y en la plataforma de streaming Cine.ar, y se trata de un ejercicio autobiográfico de notable valor simbólico- Prividera, nacido en 1970, recrea el doloroso camino de la reconstrucción de la memoria dañada de su padre, por una enfermedad degenerativa, sin soslayar el recuerdo permanente de su madre desaparecida, y lo hace a partir de la revisión de partes filmadas por su progenitor en la vida familiar, en el contexto de gobiernos que proponen el olvido como razón de Estado. El director, premiado por sus largometrajes y documentales en variados festivales, afirma. «Cuando a mi padre le diagnosticaron una enfermedad degenerativa, esa burla del destino tuvo algo de «justicia poética». Porque mi padre había hecho todo lo posible por olvidar. Y ahora que todos los últimos recuerdos familiares se han perdido con él, busco en esas viejas películas caseras para tratar de entender cómo se heredan los recuerdos, como se construyen… ¿Pero cómo confiar en la propia memoria cuando no hay una memoria propia del trauma? ¿Cómo fijar entonces una memoria más cercana a un paisaje después de la batalla que a la quietud de un museo? Supongo que intentando reflexionar sin memorializar. Fabular sin mentir. Re-crear sin fantasear con que todo cierre. Construir un film no en primera persona sino en tercera, y no en singular sino en plural. Para devolverle a la experiencia (histórica) su sentido (político)», dice Privideera sobre esta propuesta que conjuga un itinerario todavía vacilante para el cine nacional. No alcanza, aunque es recomendable, revisitar «La historia oficial», película de Luis Puenzo que brindó el primer Oscar al cine argentino en 1985, y puede verse remasterizada y restaurada en Netflix, mientras se espera para mediados el testimonio de Santiago Mitre precisamente en «1985», el filme recordatorio sobre el Juicio a las Juntas Militares. Pero no existe aún una visión más introspectiva sobre las causas y conductas de nuestra sociedad, que llevaron a transitar aquellos años de plomo con una indiferencia, que ahora comienza a ser sacudida por las miradas de estos jóvenes cineastas, nacidos en esa etapa que llegaron a la vida con la crueldad y el dolor como contorno. Y al mencionar el Oscar, es oportuno señalar que el próximo domingo 27, en el Dolby Theatre de Los Úngeles, se llevará cabo la entrega de los premios de la Academia de Hollywood, que esta vez será más acotada por haber reducido varios rubros, algunos de singular importancia. Cabe indicar que todas las nominadas a mejor película pueden verse en el país, incluso la japonesa y chejoviana, «Drive my car», que llegó finalmente a la mítica Sala Lugones del Teatro San Martín. La favorita es «El poder del perro» de la reconocida Jane Campion, que también puede verse en Netflix, aunque «Belfast», también una saga autobiográfica de Ken Branagh, está en salas con singular éxito y aspira a ser una contendiente digna. Aunque también «El callejón de las almas perdidas», de Guillermo del Toro (salas y Star Play), «No miren arriba» de Adam McKay ( Netflix), «Duna» de Denis Villaneve (HBO Max), «Licorice Pizza» de Paul Thomas Anderson (solo salas), «Amor sin barreras» de Steven Spielberg (Star Play), «Rey Richard!» de Reinaldo Marcus Green (HBO Max) y «CODA» de la directora Sian Heder (Amazon Prime) tratarán de obtener la dorada estatuilla en esta 94ª edición de esta celebración, que dejó fuera a la mejor película del primer trimestre, la rumana «Babardeala cu bucluc au porno balamamuc!, de Radu Jude, y traducida aquí como «Sexo desafortunado y porno loco», un reflejo universal de la hipocresía, los manejos del poder y la convivencia social, que castiga sin concesiones a la vida contemporánea. Ganadora del Oso de Oro en Berlín el año pasado, resulta de visión indispensable.

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