Por Alexandra Boratzuk. La Ópera es sinónimo de libertad, revolución, lágrimas y comedia. Amar se transforma en una Ópera cuando dos almas que no pueden estar juntas, se unen en un solo canto para estar eternamente conectadas. La potencia, la sutileza, su composición tan completa y versatilidad de las artes en escena es digna de admirar de éste género asociado a la música clásica, que es capaz de transportarnos más allá de un mundo físico e introducirnos en uno totalmente melódico e inspirador. Así, profundizaremos en la historia de la Ópera Francesa, en un personaje que marcó su aceptación en la sociedad y dejó una triste pérdida prematura y desafortunada para la música; hablamos del majestuoso talento y desgracia de Jean-Baptiste Lully.

La Ópera nació en Italia en 1597, sin embargo, el género inició en Francia en la corte del rey Luis XIV en el año 1673 por una obra de Lully “Cadmus et Hermione”. Anteriormente, se habían hecho intentos de importar obras italianas por parte del cardenal Mazarino, queriendo “italianizar” la corte francesa; pero esto no generó buenas recepciones entre la aristocracia y muchos sectores de la sociedad francesa.

Jean Baptiste Lully, nació en 1632 en Italia, en Florencia, donde 30 años atrás se estrenó la primera Ópera de la historia. Su nombre de nacimiento era Giovanni Battista Lully, italiano hasta que se naturalizó francés. Contribuyó notablemente en la historia de la música y técnicas de su época. Creó junto con su libretista Quinault la “tragedia lírica” que es concebida como un espectáculo completo donde se integran las danzas, vestuario, decorados etc. Esto, derrumbó los conceptos de la Francia antigua, donde rechazaban componer Ópera en francés, ya que además de tener una rivalidad con el estilo italiano, consideraban que se había convertido en el medio donde compositores y libretistas criticaban el sistema político provocando disturbios, era controlado por la censura y adaptado al gusto burgués. La realidad es que la corte frecuentaba un estilo de espectáculo musical firmemente establecido, conocido como “Ballet de Cour o Ballet Cortesano” que incluía elementos cantados y danzados en un acontecimiento de gran esplendor y lujo. Sostenían que, además, el idioma francés no combinaba con éste género, tampoco iba dentro de sus costumbres los recitativos, ya que sus dramas teatrales los preferían en un arte directo, sin extenderse demasiado porque lo apreciaban innecesario. Para ellos la música, desde un punto de vista teatral, solamente era de acompañamiento. Esto es lo que Jean-Baptiste Lully revolucionó componiendo los primeros recitativos exitosos en francés.

Era un excelente bailarín, prometedor y apasionado a su técnica y destreza; por ello supo incorporar el ballet en la Ópera para así generar una agradable aceptación en la corte francesa. De ésta manera fue como conoció a Luis XIV que en ese entonces no era rey, bailando “Ballet de la Nuit”.  Su ardiente amor por la danza y devoción al Rey Sol, hicieron que éstas pasiones lo llevaran al borde de su muerte. También, para muchos Jean-Baptiste Lully es considerado el primer director de orquesta y dada su amistad favorecida con Luis XIV y su talento, rápidamente fue ascendido a “Superintendente de la música de su majestad”.

En uno de sus conciertos en Versalles, bien dicho el último, fue organizado para celebrar la recuperación de su rey luego de haber sido sometido a una intervención quirúrgica. Aún en ésta época no se había formalizado la figura del director de orquesta, por lo tanto, el instrumento para dirigir no había sido creado tampoco, por ello en vez de utilizar una batuta para marcar el tempo a los músicos, se utilizaba una especie de bastón gigante de hierro y constaba en golpear el suelo con fuerza. Emocionado Lully por la música, el ambiente en presencia del Rey Luis XIV, y por su forma de dirigir la orquesta, en su golpe final, fue atravesado por ésa pesada barra de hierro su dedo gordo del pie derecho; causando así una gangrena que rápidamente se infectó por la falta de conocimientos médicos e higienes de la época, que no dio más remedio que ser cortada la pierna de un bailarín o la muerte. Por su pasión se negó, ya que no podría volver a dedicarse a la danza y rápidamente la infección se expandió y produjo su muerte en 1687. Siendo inesperado y algo absurdo el accidente que le costó la vida al padre de la Ópera Francesa, Jean-Baptiste Lully.

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