• Por Jorge A.AvilaNuestra sociedad, como casi todas, cuenta con un escaso nivel de tolerancia y empatía hacia el distinto. Ello puede advertirse de larga data, en materia de personas discapacitadas, visuales, auditivas y de movilidad. Basta con recorrer las calles porteñas para advertir el grave incumplimiento de la legislación vigente en materia de semáforos adaptados, veredas con señalizaciones adecuadas, e incluso en condiciones mínimamente transitables para aquellos que tienen algún impedimento, permanente o transitorio. Dispositivos tecnológicos como «voiceover» o «brainsound», son muchas veces inalcanzables para las personas no videntes. La recientemente estrenada película de la premiada Graciela De Luca, «Los que no quieren ver», es un claro ejemplo de ello, por las dificultades para implementar una distribución más amplia debido a la reducción del sistema «closed caption» y otros, que hubieran permitido su mayor llegada al público. De Luca es docente, fotógrafa, directora, productora, realizadora televisiva y cinematográfica. Ejerce la docencia realizando talleres de cine y fotografía para docentes y alumnos especializándose en el área de Educación Especial, en el Programa Medios en la Escuela del Ministerio de Educación de CABA. Productora del Festival Hacelo Corto, realizó los cortometrajes «Año nuevo para Laura»(2007),»Próximo Tren» (2009) y «Sin querer» (2013). Todos ellos han sido estrenados en salas cinematográficas recibiendo diferentes premios y distinciones. Productora en el documental Antonio Puigjané, (2015) también fue jefa de producción en la serie «La lucha continúa» (2016) y del documental «Cheto-Cheto» (2019). En «Los que no quieren ver», su primer largometraje documental, explora la vida cotidiana de Natalia y Daniel que transitan su existencia en una sociedad donde nadie los mira o pocos los quieren ver. Una sociedad que no conoce sus deseos y necesidades. En la intimidad cotidiana nos muestran cómo perciben el mundo, y cuáles son sus sueños. La ceguera nunca fue un impedimento para ellos. De repente, un imprevisto cambiará todo, imponiéndose y obstaculizando lo que la ceguera no pudo. Para De Luca, «La película visibiliza lo diferente, lo distinto,lo que a veces no queremos ver. Se adentra en el mundo de los ciegos y permite construir un retrato íntimo de cada uno, para darlos a conocer como sujeto, intentando que cada espectador entre en ese mundo. Aborda la temática para poder romper con el paradigma de ausencia de felicidad que habita en el imaginario social sobre aquellas personas que tienen discapacidad. Realiza un registro observacional cercano y respetuoso de la vida de Natalia y Daniel, llevándonos a conocer sus pensamientos, las posibilidades y obstáculos que se presentan en sus vidas; sus deseos, sus proyectos y sus sueños.
    Daniel y Natalia han logrado “ver” de otra forma. No quieren ni compasión, ni lástima, quieren ser tratados con dignidad, como cualquier persona; no son superhéroes, son personas que van salvando obstáculos mientras viven su vida y muchas veces necesitan ayuda de una sociedad que poco los mira. “Los que no quieren ver” pone el foco en los vínculos humanos, las emociones y derechos, intentando aprovechar el poder del cine como herramienta para lograr una sociedad más justa y equitativa». Cabe señalar que se trata de un valioso intento inclusivo para sensibilizar a un entorno de ciegos, sordos y rengos casi siempre mas atentos a sus apetencias particulares, e indiferentes a las necesidades del otro.
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